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"La bola de los presidentes"
- Año de publicación - 2023
- Época Madero y la Revolución Mexicana de 1910
- México Año 1910 - 1913
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La Revolución Mexicana vino a interrumpir esa imagen pacífica y próspera que los porfiristas guardaban del país. Francisco I. Madero, quien desde julio de 1910 se encontraba bajo arresto domiciliario en la ciudad de San Luis Potosí, escapó a la frontera norte para dirigirse a San Antonio, Texas. Desde ahí publicó el Plan de San Luis, en el cual denunciaba el fraude electoral, declaraba nulas las elecciones, ilegítimo el régimen derivado de ellas, anunciaba que él mismo ocuparía la presidencia provisional hasta la realización de nuevas elecciones y convocaba a la insurrección para “el 20 de noviembre de 1910 de las 6 de la tarde en adelante”.


Antes de iniciarse formalmente, la revolución maderista sufrió sus primeras bajas el 18 de noviembre en Puebla, al ser descubierta la conjura revolucionaria y atacada la casa de los hermanos Aquiles, Máximo y Carmen Serdán y asesinados los dos primeros. En Chihuahua, Madero logró la adhesión a su movimiento, apoyado por Abraham González, líder antirreeleccionista estatal, de quienes serían los primeros brazos armados de la Revolución: Pascual Orozco y Francisco Villa.



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P ara el mes de abril de 1911, la Revolución en el país vivía su mayor auge y el gobierno de don Porfirio comenzaba a ceder en las negociaciones de paz con los jefes revolucionarios. Fue entonces cuando, en contra de lo convenido con Madero, Pascual Orozco y Francisco Villa decidieron tomar la plaza de Ciudad Juárez el día 9 de mayo. La toma de esta ciudad marcó el triunfo de la causa maderista pues unos días después, el 21 de mayo de 1911, fueron firmados en dicha ciudad los acuerdos de paz.


E l 25 de mayo don Porfirio firmó su renuncia. Al día siguiente se embarcó en Veracruz en el barco Ypiranga, rumbo a Francia. Se recuerda que Díaz se despidió de México con los ojos llenos de lágrimas y pronunció la famosa frase que resumía la realidad del país que dejaba: “Madero ha soltado un tigre, veamos si puede dominarlo”. Al partir Díaz, cumpliendo lo acordado en los Tratados de Ciudad Juárez, el secretario de Relaciones en funciones, Francisco León de la Barra, asumió la presidencia de la República.

E l 7 de junio de 1911 Francisco I. Madero entró a la ciudad de México. Ese mismo día, por la mañana, un temblor había sacudido fuertemente a los capitalinos.

L a coincidencia de estos dos hechos produjo la frase entusiasta que manifestaba el clamor con que Madero fue recibido: “¡Cuando Madero llegó hasta la tierra tembló!” El desfile de los revolucionarios triunfantes por la ciudad de México, captado por la lente del cinematógrafo, aglutinó a miles de hombres, mujeres y niños que vitorearon el triunfo de la revolución maderista.



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D urante el interinato de Francisco León de Barra, mientras se preparaban las elecciones que se realizarían en octubre de 1911, surgieron las primeras discordias entre los revolucionarios. Ante la continuidad política que representaba el gobierno de León de la Barra con respecto al Porfiriato y ante la pasividad de Madero, producto de su apego a la legalidad, para llevar a cabo reformas profundas y no sólo un cambio de gobierno, un importante grupo de maderistas, encabezado por los hermanos Francisco y Emilio Vázquez Gómez, comenzaron a exigir el cumplimiento del Plan de San Luis. El 23 de agosto, en Texcoco, este grupo lanzó su propio plan insurreccional, desconociendo al gobierno de De la Barra y entregando la jefatura de la Revolución a Emilio Vázquez Gómez. A la rebelión vazquista se sumó el intento del general Bernardo Reyes por reagrupar a sus antiguos partidarios y ganarle la presidencia a Madero. Desde San Antonio, Texas, lanzó el 16 de septiembre el Plan de la Soledad. Sin conseguir adeptos, Reyes fue arrestado por violación a las leyes de neutralidad de Estados Unidos y el 25 de diciembre se entregó por propia voluntad a las autoridades mexicanas, quienes lo trasladaron a la prisión militar de Santiago Tlatelolco.
P ara Madero, la Revolución había terminado con los Tratados de Ciudad Juárez. Sin embargo, a pesar de que se había logrado un cambio de gobierno, el germen de descontento social continuaba presente y la mayoría de las fuerzas maderistas se resistieron a ser licenciadas. Los zapatistas condicionaron la entrega de las armas a la entrega simultánea de la tierra.






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E n las elecciones del 1o. de octubre de 1911 Francisco I. Madero fue elegido presidente y José María Pino Suárez vicepresidente, de acuerdo con la fórmula propuesta por la Convención del Partido Constitucionalista Progresista. El 6 de noviembre siguiente tomaron posesión de sus cargos. Casi al finalizar el mismo mes, los zapatistas desconocieron su gobierno mediante el Plan de Ayala y propusieron como jefe de la revolución libertadora al general norteño Pascual Orozco, previendo que en el caso de que éste no aceptara –como sucedió–, el cargo recaería en el general Emiliano Zapata. Además, el Plan de Ayala estipulaba que debían ser restituidas las tierras a los pueblos y ciudadanos despojados de ellas.







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L as sublevaciones armadas contra el gobierno de Madero, empero, no terminaron con la derrota de los orozquistas. En octubre de 1912 se sublevó en Veracruz un sobrino de Porfirio Díaz, Félix Díaz, con el argumento de que “el honor del ejército había sido pisoteado”. Sin embargo, su movimiento no prosperó y tras un breve combate, fue derrotado y encarcelado en la penitenciaría del Distrito Federal: Lecumberri. Hacia finales de 1912 prevalecía en el país un clima de inseguridad e inestabilidad. El gobierno de Madero no sólo había tenido que enfrentar a las sublevaciones armadas que se habían sucedido desde su toma de protesta, a las constantes críticas de la prensa y la opinión pública y a la oposición de un círculo político que añoraba su origen porfiriano, tuvo que enfrentar además el descrédito de su gobierno en los círculos políticos norteamericanos, promovido desde la propia ciudad de México por Henry Lane Wilson, embajador de Estados Unidos en México.

E l 9 de febrero de 1913 estalló dentro del ejército una nueva conspiración. Varios sectores de la guarnición de la capital, después de liberar a los presos Félix Díaz y Bernardo Reyes, se aprestaron a tomar Palacio Nacional. Bernardo Reyes murió en el intento y las tropas se refugiaron en la Ciudadela bajo el mando de Félix Díaz para dar inicio a la llamada “Decena Trágica”: diez días de “guerra” en la ciudad de México que terminaron por derrocar al gobierno de Madero. Victoriano Huerta, quien había sido puesto al mando del ejército para contraatacar la insurrección, pactó su cambio de bando con el embajador Wilson y Félix Díaz, y el 18 de febrero sus tropas detuvieron al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez.


